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El Dolor en SCHOPENHAUER

Posted by on Feb 10, 2014 | 1 comment

El Dolor en SCHOPENHAUER

La razón del dolor, del sufrimiento que la vida conlleva, ha intrigado e intriga al hombre desde sus orígenes. Una de las cualidades que nos distinguen de otros animales es precisamente nuestra propia conciencia y voluntad. El por qué de las cosas lo explica la Medicina y la Ciencia. Pero la razón última, el sentido de las cosas, es la materia de la Filosofía.

La Filosofía se entronca en el conocimiento humano como una doctrina general buscando contestar todas las preguntas y no solo las inmediatas. Sabemos mucho de los mecanismos biológicos del dolor, de los receptores, neurotransmisores y vías pero, ¿qué sentido tiene el dolor?

Uno de los autores que más y mejor ha buscado responder a estas preguntas fue Arthur Schopenhauer.

 

Schopenhauer nace en Gdansk, entonces parte de Alemania, en 1788, en el seno de una familia acomodada. Su padre le reservaba un puesto como comerciante mientras que él prefería dedicarse al estudio. La muerte prematura de su progenitor, y quizá, su mala relación con su madre y hermana, marcan su vida futura y orientan su pensamiento con una misoginia más que evidente.

El desprecio de la vida de la burguesía alemana y el valor que concede a lo material le llevan a explicar la vida como una continua búsqueda de la satisfacción de los deseos, materiales, afectivos, económicos o del tipo que sea.

Vivió de las rentas que amasó su padre mientras intentaba abrirse camino como profesor de Universidad con escaso éxito. Mientras apenas una docena de alumnos acudían a sus cursos, apenas a unos metros Hegel llenaba las aulas y las tertulias con sus pensamientos mucho más positivistas.

Su obra, “El mundo como voluntad y representación”, pasó desapercibida y solo con una obra menor “Parerga y Paralipómena” alcanzó notoriedad en la sociedad londinense primero y en la europea después.

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De hecho, para Schopenhauer las experiencias placenteras no dejan huella y en seguida llevan a la ansiedad para conseguir otra, o al hastío, si no se consigue, mientras que el dolor, el fracaso, sí marcan nuestra vida. Es decir, el dolor es el auténtico motor de la vida, el dolor que produce el deseo de algo, la no consecución de una meta, o la ausencia de lo material o lo inmaterial.

¿Cómo podemos aliviar el  dolor debido a esa insatisfacción? El placer de la consecución antagoniza el dolor, alivia, pero solo temporalmente, generándose más dolor como cuando se intenta saciar la sed con agua de mar: cada vez genera más sed, cada vez más insatisfacción. En gran medida su pensamiento se encuentra imbuido de una gran influencia de la filosofía budista.

Cree Schopenhauer que la única manera de sobreponerse al dolor que acarrea nuestra existencia, este “valle de lágrimas” es renunciar al deseo, a la intención, a la voluntad en suma y dejarse arrastrar a la negación de esa tendencia innata a conservar lo material (incluso la vida).

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En algunos pasajes de su obra, bromea con la posibilidad de preguntar a los muertos si volverían si pudieran a vivir, con la convicción que todos elegirían seguir en su nueva situación.

Schopenhauer vivió de 1788 a 1860 y si leemos atentamente su pensamiento encontraremos mucha similitud de su época con la sociedad actual, persiguiendo aprovechadamente la excelencia, el poder, la belleza, el dinero a cualquier precio, con la idea de que la consecución de esas metas nos daría la felicidad y, sin embargo, con la experiencia de la insatisfacción tras alcanzarlas, necesitando buscar otras.

Este pensamiento influyó decisivamente en filósofos y escritores posteriores como Nietzsche, Thomas Mann, Freud, Sartre, Unamuno o Baroja, mentes preclaras cargadas de un cierto pesimismo que también reflexionaron sobre el sufrimiento humano. No en vano Baroja, licenciado en medicina, escribió su “Tesis sobre el dolor”.

Es verdad, que es fácil escribir teorías sobre las cosas mientras uno tiene resueltas las necesidades básicas. Cierto es que Marx escribió su manifiesto viviendo a costa de su amigo Engels, sin embargo, podemos aprovechar sus enseñanzas o las de Buda. Para nuestro autor “la felicidad no está en las cosas materiales, en la satisfacción de los deseos sino, quizá en encontrar un camino de mejorar como ser humano y ayudar a los demás también a mejorar”.

La introspección o el “mindfulness, como se preconiza actualmente, son métodos para alejarse de lo material hacia ese interior que a todos nos iguala y convierte en una diminuta porción del todo Universal.

 

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La iluminación no está bajo los focos del éxito o la popularidad, sino en el desapego de lo individual en beneficio de lo general: el bienestar de la mayoría debe estar por encima del bienestar de la minoría. No, esta cita no es de un filósofo, sino de un extraterrestre de la ficción, Mr. Spock. Y es que a fin de cuentas “la naturaleza imita al arte”.

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1 Comment

  1. Muy interesante,me siento identificado con los conceptos que maneja Schopenhauer

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