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El dolor propio y el ajeno

Posted by on Sep 30, 2013 | 0 comments

El dolor propio y el ajeno

El dolor es una experiencia compleja, mediada por receptores neuronales y modulada a varios niveles hasta hacerse consciente e integrarse como algo más que una simple percepción. El dolor es una cualidad humana que se distingue de la simple nocicepción en esa elaboración intelectual y afectiva.

El dolor, como tal experiencia, puede explicarse de muy diferente manera, según la posición del que la expresa. No es lo mismo ser un observador externo, que el propio doliente, y este papel puede cambiar y, de hecho lo hace, por el capricho del destino.

Para ilustrar esta diferencia tomaremos el ejemplo de C. S. Lewis (Clive Staple Lewis) escritor, ensayista y profesor universitario irlandés nacido en Belfast, en 1898. A los 15 años, decidió abandonar la fe cristiana de su infancia e interesarse por la mitología y el ocultismo. Todos sus escritos posteriores rezuman cierto resentimiento hacia la figura de Dios, que finalmente volverá a aparecer en su vida por la más que notable influencia de algunos amigos, como JRR Tolkien, George Macdonald y GK Chesterton, que recondujeron sus creencias al cristianismo.

En este momento de su vida, redactó su libroEl problema del Dolor (1940), una reflexión notable desde la óptica cristiana de la justificación del dolor, del sufrimiento como un elemento de consolidación de la fe. Un elemento más de la vivencia religiosa. Su estilo directo y vibrante hace amena la lectura, en la que desgrana los aspectos del dolor y su relación con la bondad divina.

En 1952, conoce a la poetisa norteamericana Helen Joy Davidson Gresham, que tenía una gran admiración por el escritor y su obra. De su encuentro personal surgió un amor que trastocó completamente la vida  de un solterón empedernido. Esta historia se trunca al diagnosticarle un cáncer óseo que le costó la vida a la poetisa, después de varios años, en 1960. Durante ese tiempo acudió a médicos y también a hombres de fe para tratar de reconducir el destino.

En 1961, escribió Una pena en observación una nueva reflexión sobre el dolor, esta vez, su propio dolor. De nuevo se enfrentan el sentido del sufrimiento y el papel de Dios y su aparente indiferencia frente a este sufrimiento. De este libro surgió una excelente adaptación cinematográficaTierras de penumbra.

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Si revisamos ambos escritos, los temas de controversia son semejantes pero las reflexiones son bien distintas. Cuando estudiamos el dolor como proceso fisiológico, médico, clínico, incluso sociológico o filosófico, nos surgen una serie de reflexiones que no son las mismas que cuando nos afecta en lo personal, en lo más íntimo, como pacientes potenciales o reales que somos.

El dolor no es selectivo, no respeta profesiones, estatus, razas o religiones. A veces una experiencia enseña más de medicina que un tratado completo de Patología. Aprendamos pues a ponernos en el lugar del otro para entender su sufrimiento y conseguiremos un diagnóstico más certero y un tratamiento más adecuado a las peculiaridades de nuestros pacientes.

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